jueves, 6 de julio de 2017

La larga sombra del reduccionismo neo-escolástico


Lo que el autor de esta entrada denomina reduccionismo neo-ecolástico (no tomista, por cierto) un sabio liturgista designa como validismo. En cual, en términos simplificados, vendría a decir que, si se asegura la validez del sacramento cualquier reforma litúrgica es posible, legítima y oportuna.
En las discusiones acerca de la liturgia, una premisa importante del campo progresista es, irónicamente, lo que podría llamarse reduccionismo neo-escolástico, que define la "esencia" de la Misa como una consagración válida. En casi cualquier conversación sobre si, y hasta qué punto, el rito de la misa puede cambiar o no, el defensor de la tradición es inmediatamente cuestionado con: "Pero no se puede probar que el Novus Ordo (o cualquier liturgia experimental, fabricada) es malo. Tiene las palabras de consagración".
El problema con este enfoque, por supuesto, es que falsifica la realidad de un rito litúrgico como una encarnación definida de la tradición apostólica, existente a lo largo de la historia. Cada rito tiene sus propias características profundas, que lo hacen irreducible. Nadie soñaría con definir el rito bizantino como "esencialmente" una consagración válida, con la cual se asocian accidentalmente muchas oraciones floridas e himnos. Tampoco nadie, con un mínimo de sentido, tratará de definir el rito romano de la misa con exclusión del Canon romano, que es su característica definitoria, o haría el intento de importar una epíclesis en el Canon Romano, cuando, propiamente hablando, no tiene ninguna y no la necesita. Estos ritos son lo que son, y demos gracias a Dios por eso.
Reducir la Misa a una consagración válida es como reducir el acto nupcial a una concepción exitosa de un niño. Espero sinceramente que nadie sea tan tonto como para definir el acto nupcial como la concepción de un niño. El acto nupcial está ordenado a la concepción de un niño, sin duda, pero tiene su propia realidad, su propio significado, que implica más que la concepción. Es una expresión del amor conyugal, que está diseñada para culminar en una nueva vida. Por la institución de Dios, se supone que la vida procede del amor. Ambos elementos están involucrados en la definición del acto. Esta es la razón por la cual la Iglesia se opone a la fecundación in vitro, lo que no podría hacer si el único significado o valor de la unión del hombre y la mujer fuera un cigoto viable.
De igual manera, la Misa es un microcosmos privilegiado de la oración unitiva con una finalidad eucarística. La presencia de la víctima sacrificial que ha de ser nuestro alimento divino es concebida, por así decir, por la liturgia en su totalidad. Incluso si la consagración tiene lugar en un momento determinado, ha sido preparada y será seguida por una manifestación de amor que nos conviene para recibir al Señor y regocijarnos en Su presencia. Cuando esto no sucede, estamos tratando con el espectro de la transubstanciación in vitro.
Desgraciadamente, puesto que casi todos los que asistieron al Vaticano II o que trabajaron para el Consilium, fueron educados en este reduccionismo neo-escolástico superficial, y se sintieron libres de desgarrar y reconfigurar el Rito Romano mientras se conservaran (más o menos) intactas las palabras de consagración. En este sentido, eran técnicos de laboratorio, comprometidos con que el resultado del proceso fuera una misa válida, pero no moralmente ligados a un contenido o proceso en particular.
De hecho, la arrogancia de los reformadores no podía detenerse en el umbral del santo de los santos, sino que llegó a alterar la fórmula misma de la consagración del vino mediante la eliminación de la frase mysterium fidei desde dentro de ella - una frase ya tan Bien conocida y tan venerable en la Edad Media que Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII podía atribuirla plausiblemente a los Apóstoles.
Sin dudas, por tanto, tenemos que empezar de nuevo haciendo mejores preguntas. No debemos preguntar: ¿Qué es lo que hace que transustanciación se realice [1]?, sino: ¿Qué es lo que hace que una liturgia sea cristiana? Y algo todavía más importante, ¿qué hace que este rito litúrgico sea él mismo (romano, ambrosiano, bizantino, siro-malabar, etc.) y no otro? Cuando estas son las preguntas que buscamos, encontramos ricas respuestas que nos muestran la adecuación, la belleza, complejidad y suficiencia de cada rito en sí mismo, y por lo tanto, también nos muestra dramáticamente la naturaleza anti-litúrgica, anti-ritual, anti-histórica y finalmente anticatólica de las reformas.
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[1] Como tomista, ciertamente acepto que hay un momento de la consagración, como he defendido aquí y en otros lugares. Pero si nos fijamos en Summa theologiae III, q. 83, se verá que Santo Tomás está lejos de ser un reduccionista litúrgico. Ve la complejidad del Rito Romano, el significado y valor de cada una de sus partes, y el respeto con que debe ser tratado por los que adoran en él. La precisión escolástica no tiene que convertirse en reduccionismo neo-escolástico.

Tomado y traducido de:
http://www.newliturgicalmovement.org/2017/07/the-long-shadow-of-neoscholastic.html

1 comentario:

Johannes dijo...

"Tampoco nadie, con un mínimo de sentido, [...] haría el intento de importar una epíclesis en el Canon Romano, cuando, propiamente hablando, no tiene ninguna y no la necesita."

Me pregunto si Peter Kwasniewski escribió esto ignorando o teniendo en mente que los Ortodoxos, específicamente la arquidiócesis de Norteamérica de la Iglesia Ortodoxa Griega de Antioquía, una de las autocéfalas de la comunión ortodoxa, hicieron exactamente eso, verbigracia "importar una epíclesis en el Canon Romano", "at the request of the Russian Holy Synod in September 1869."

Para fundamentar lo que acabo de escribir, y para info de quien pueda estar interesado en el tema:

Esa arquidiócesis tiene un vicariato del Rito Occidental, mayormente para ex-anglicanos conservadores que huyeron/huyen de la debacle doctrinal y moral de la comunión anglicana, más grave aún en su versión norteamericana, los episcopales. Ese vicariato celebra según una traducción al inglés del Rito Romano tradicional ligeramente modificado al cual llama "rito de San Gregorio", en línea con "rito de San Basilio", "rito de San Juan Crisóstomo", etc.:

http://www.antiochian.org/western-rite/ordinary-canon-mass-rite-st-gregory

La modificación principal en el Canon, además obviamente de no pedir por el Papa sino por el Metropolitano en el "Te ígitur", es introducir una epiclesis II de consagración entre el "Supra quae propitio" ("Upon which vouchsafe") y el "Supplices Te rogámus" ("We humbly beseech Thee"). Esa epiclesis II es:

And we beseech Thee, O Lord, to send down thy Holy Spirit upon us and upon these offerings, (he signs once over the host:) that He would make this bread the precious Body of thy Christ, and that which is in this cup (he signs once over the Chalice:) the precious Blood of thy Son our Lord Jesus Christ, (he signs once over
the host and Chalice together:) changing them by thy Holy Spirit.

Esto puede leerse en la pág. 39 del PDF apuntado en el último enlace. Para quien no quiera bajar el PDF, una parroquia de ese vicariato lo tiene directamente:

http://www.stgregoryoc.org/article/the-divine-liturgy-according-to-the-rite-of-saint-gregory/

Nota: Epiclesis I o II alude a la ubicación temporal de la plegaria respecto a la consagración. Epiclesis de consagración o de comunión alude al contenido de la plegaria, esto es si pide que el Espíritu Santo HAGA que el pan y el vino se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo o que MUESTRE a los fieles que el pan consagrado es el Cuerpo de Cristo y el cáliz consagrado su Sangre.