sábado, 29 de abril de 2017

Cartas de un demonio a su sobrino (I)


Mi querido Orugario:
Quisiera decirte algunas cosas sobre la manera en que debes tratar a tus pacientes. En esta carta, y en otras por venir,  te daré algunos consejos a partir de mi prolongada experiencia como tentador.
Estos consejos te servirán para que puedas desviar a un grupito de católicos a los que llamaré —con repugnancia– tradis.
De momento, tengo que decirte que no pierdas más tiempo con tentaciones vehementes. No insistas con la ira, la avaricia o la lujuria. Ya tendrás oportunidad de atacar por esos lados.
Ahora tienes que aguzar el ingenio y concentrar tus esfuerzos en otra tarea más importante: crear en tus pacientes una mentalidad. Tienes que ayudarles a que se forjen un espíritu. Y no cualquier espíritu porque —no te olvides— debes engañar a tradis. Es que si se tratara progresistas el espíritu que deberías insuflarles sería muy distinto... Pero no, querido sobrino, estos quieren ser católicos a machamartillo, así que debes buscar sus puntos débiles en otras zonas de la miseria humana.
En resumidas cuentas, has de lograr que tus pacientes desarrollen lo que llamo mentalidad inquisitorial. Que se crean campeones de la ortodoxia; que se imaginen a sí mismos como torquemadas redivivos. Y que obren en conformidad con esta creencia. Pero, ¡cuidado! Debe ser para ellos una forma mentis inconsciente, no advertida. Pues saben bien que no existe hoy institución como la del medioevo. Así que nada de fuego, tortura y cárcel. En el presente, Internet da suficiente espacio para que la imaginación se nutra de la «realidad virtual».
Si alguno de tus pacientes advirtiera que tu propuesta es una nueva forma de fariseísmo, que «cuela el mosquito» para tragarse los camellos de la injusticia y la falta de misericordia, tendrías que hacer tus mejores esfuerzos para que tu táctica no fuera descubierta.
Sé que me repito, pero te insisto antes de despedirme: tienes que generarles una psicología insana.
Tu cariñoso tío,
Escrutopo. 



6 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajaja, genial! (y yo pensaba en un escrito de Lewis.)

Alfredo Argento.

Seminarista dijo...

He ahí uno de los principales problemas de los grupos tradis. Mucha gente los ve identificando el tradicionalismo con gente rara, elitista y demases. Un grupo de puros.
También hay quien confunde liturgia con protocolo, o nobleza terrena, incluyendo aquí el club de fans de la puntilla. Preguntándose uno a menudo si alguien va a Misa por Cristo o por la pompa.

Lo triste es que la identificación de liturgia tradicional con gente rara, muchas veces es acertada. Descartando lo tradi por los tradis.

Sobre el fariseísmo, la solución del demonio creo que sería sencilla, acusarlo de mente laxa, de no defender la verdad católica, de haberse rendido en el combate contra el modernismo como hace los de pensamiento ortodoxo de la Iglesia oficial.

Walter E. Kurtz dijo...

La presencia de gente rara en la Iglesia y en las iglesias es cosa bastante repartida. Un sacerdote santo decía que la Iglesia es como un radiador: Se le pegan todos los bichos. Y agregaba: "Eso está muy bien."

El problema es que estos loquitos en muchas parroquias llegan a tener el micrófono, dirigir grupos o manejar las cuentas. Y luego pasa lo que pasa.

En las comunidades tradicionalistas (la mayoría, al menos) están vacunados sobre esto (por distintas razones históricas) y los raros casi nunca llegan a figurar.

Tal vez usted tenga una experiencia distinta pero sepa que es (en todo caso) la excepción a la regla.

El problema son los tradis de internet o cosa similar... Pero esos en la vida real, "no existen".

Alfredo Argento dijo...

"la Iglesia es como un radiador"

¿Quién lo dijo?

Atte.

hiena barrios dijo...

Obvio. No existe el talante de internet en la vida real. Nadie, ni los malditos vía web, son malos, groseros o desubicados cuando se comparten esas dos horas semanales del domingo.
Todos saben, aunque no lo confiesen ni se hable del tema, que Internet es una broma para jorobar un rato.

Carlo dijo...

Internet todavía tiene un alto grado de anonimidad, lo que permite a muchos dar libre curso a sus peores impulsos sin ningún tipo de represión. Está cambiando y no creo que falte mucho para que todos tengamos algún ID oficial fácilmente identificable.
Hiena Barrios: la anonimidad de internet se encuentra sí en la vida real, en las ciudades muy grandes. Las enormes multitudes también permiten la anonimidad y la gente se pone agresiva hacia su prójimo sin temor a que los identifique o que algún día sufra represalias.